El Churi · Escobedo de Camargo
Un sumidero del tamaño de un salón
El Pendo está en una depresión kárstica endorreica ligada a la sierra de Peñajorao, una de las zonas cársticas costeras más importantes de Cantabria. La cueva es un sumidero del río Pendo; tras unos 12 km subterráneos las aguas vierten al Pas.
Imagen: Wikimedia Commons
Por qué importa
Junto con El Castillo, El Pendo es una de las secuencias usadas para discutir el comportamiento y la tecnología de neandertales y Homo sapiens en el suroeste de Europa. Los textos oficiales sitúan el inicio del depósito al menos hacia 82.000–84.000 a.C., con usos posteriores hasta la prehistoria reciente e incluso depósitos rituales en la Edad del Bronce.
Desde julio de 2008 forma parte del bien UNESCO «Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico de la cornisa cantábrica». España la declaró Bien de Interés Cultural en 1997. Desde 2016 el entorno está protegido como ANEI Cuevas del Pendo-Peñajorao.
El interior
La mayor parte del recorrido es una gran sala descendente —unos 80 m desde la verja hasta el panel pintado principal— y un estrechamiento que acaba en un divertículo sinuoso. El vestíbulo está parcialmente cubierto por bloques caídos de la visera; bajo ellos es casi seguro que queden más ocupaciones.
En esa sala están el yacimiento y el Friso de las Pinturas. En el fondo, los grabados de 1907, entre ellos un ave de tema raro en el arte paleolítico. El arte mueble del sitio —bastones perforados y la llamada Venus de El Pendo, un colgante en asta de cérvido de más de 17.000 años— se conserva en el MUPAC de Santander.
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