Marcelino Sanz de Sautuola descubre científicamente el yacimiento en el marco de sus exploraciones prehistóricas en la entonces provincia de Santander.
Una cueva con mucha bibliografía
Ochenta mil años en un mismo karst
De Sautuola en 1878 al friso de 1997 y las excavaciones de 2026: cómo la Cueva de El Pendo se convirtió en yacimiento de referencia del Paleolítico peninsular.
Hermilio Alcalde del Río localiza grabados en el divertículo final, entre ellos un ave, situados de forma habitual en el Magdaleniense inferior.
Jesús Carballo coordina nuevas excavaciones, pone al descubierto la secuencia de ocupación y recupera arte mueble de primer orden, entre él bastones de mando decorados.
Julio Martínez Santa-Olalla dirige un equipo internacional. El Pendo acoge cursos de arqueología de campo; André y Arlette Leroi-Gourhan trabajan en la cueva. Los resultados tardan años en publicarse.
Joaquín González Echegaray publica la monografía de las excavaciones de 1953-1957.
Ramón Montes y Juan Sanguino reabren la parte más antigua de la secuencia (Paleolítico medio). En agosto de 1997 identifican el Friso de las Pinturas.
La UNESCO amplía el bien de Altamira al arte rupestre paleolítico de la cornisa cantábrica. El Pendo entra en la lista (ref. 310).
El entorno queda protegido como ANEI Cuevas del Pendo-Peñajorao.
Una nueva campaña (15-30 de julio) muestrea depósitos de hace unos 60.000 y 16.000 años, incluido ADN antiguo en sedimento. En agosto de 2027 se cumplirán 30 años del hallazgo del friso.
Lo que dicen los niveles
Los depósitos reúnen unos 33 niveles. Los más antiguos son del Paleolítico medio: neandertales en un bosque caducifolio, cazando bisonte, ciervo y caballo, a menudo en clima frío. Los niveles de Homo sapiens del Paleolítico superior cubren de unos 38.000 a 12.000 años. Las zonas medias e interiores se usaron después como lugar sepulcral en la Edad del Bronce.
El arte mueble del Paleolítico superior es un hito de la investigación: hasta doce bastones de mando, más el colgante en asta conocido como Venus de El Pendo por su silueta grácil, conservado en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria.